lunes, 9 de agosto de 2010

H.H.

Hoy me encontré con Hermann Hesse en el Roca. Traté de hacerme el pelotudo pero me vio y vino inmediatamente a saludarme. Conversamos durante un rato largo y definitivamente no alegró mi día. Me habló sobre un adolescente en etapa escolar con doble personalidad. Una católica apostólica y otra criminal/natural. Me intentó convencer de que los impulsos nos hacen más felices mostrándome las desventajas de seguirlos: forma poco ortodoxa de influenciar a alguien sobre algo. Noté que, aunque hace mucho no hablaba con él, mi alma se predispuso como antaño para con sus enseñanzas. No terminó su historia. Me dijo que me encontraba mañana a la misma hora en la estación de Temperley para seguir conversando. Me prometió que iba a hacer bien; me habló de la riqueza de su contenido. Yo no le di demasiada importancia, aunque acudiré con gusto a su cita mañana.

6 comentarios:

P dijo...

Esas cosas no están hechas para hacerte bien a corto plazo.

Más bien están hechas para hacerte sentir un sorete, y desde tu miseria, tratar de mejorar.

Hesse es como tu papá cuando sos chico. Te pega un par de bifes y te dice "cuando seas gande me lo vas a agradecer".

Harry Haller dijo...

un papá con valores un tanto extraños para lo que nosotros estamos acostumbrados. un papá que te dice de antemano: "lo que te enseñan en el colegio no sirve". un papá genial.

Buscarroña dijo...

un papá loco loco
mejor tenerlo de amigo nomás

Eleo y Floru dijo...

como te quiero mami hockey

Maru dijo...

Que buenas cosas pasan en el tren.

Nanu dijo...

che, hace como 3 meses que esta Hermann Hesse en mi casa (duplicado) es imposible que te lo hayas encontrado en el tren... =)