jueves, 17 de diciembre de 2009

Harry Haller, para los amigos.

Con el paso del tiempo me di cuenta de que la misma libertad de expresión es la que te limita. Y, por más contradictorio que suene, nos damos cuenta de que son las mismas contradicciones las que le dan sentido a nuestra vida. El tener tanto para escribir hace que no sepas por donde empezar. El tener que eliminar de mis rimas estrofas enteras para que no sean leídas públicamente me irrita. Basta con saber que serán leídas por Fulano De Tal para prescindir de ellas. La libertad nos cohibe. La libertad nos traiciona, y deja de ser libertad. Se dice que lo bueno, en exceso, es malo. Y creo que es verdad.

Hoy le quiero decir basta a los espíritus del pasado. ¿Deberían molestarme? Quizá si. Pero ya no dependen de mí. Que raro me siento. Que extraño es el mundo. Hoy me cago en la libertad de expresión; me arrodillo, y le beso nuevamente los pies. Yo se que no soy conocido. Pero quiero dejar de serlo, aún. Un anónimo más, donde nadie -pero nadie- se atreva a imaginarme.

2 comentarios:

N.A.R dijo...

no es la libertad lo que te limita, es el entorno, el otro, LOS otros; el que dirán, tu propia cabeza poniendose en el lugar del lector, y vos limitando lo que no queres que sea juzgado.

Como uqe no podemos ser libres en tanta estructura, tanto orden, tanta burocracia... nunca puede limarse todo hasta llegar a la libertad propiamente dicha (o sea, quizas es algo utopico)

lo que se puede hacer es ampliar tu horizonte para que tu libertad tarde más en "llegar a la libertad del otro", entendes?
Crecé, hace que tu anonimato tenga un paisaje en expansion, asi el otro va a tardar mas en llegar a vos, y a "limitarte" (obvio, si querés que lleguen a vos, les das el mapita con la ruta)

un abrazo!

Eleanor Rigby dijo...

Te autolimitas Coppola.