viernes, 13 de noviembre de 2009

Tu Casa (para mí).

Tan cerca de la suerte, detrás de la ciudad,
el verde trae la calma, y un viejo baobab,
bosteza ya cansado y escucha agonizar
al eco de un impulso desigual.

En medio de esta selva, podemos encontrar
dos viejas reposeras, bajo árbol, bajo un mar
de estrellas. Luna, que te escondes tras las nubes,
de esos cielos que escucharon, sobre vos, hablar y hablar.

Y aunque nadie escuche el llanto de las sillas,
y aunque las pasen por alto, las escucho susurrar,
que hoy extrañan a esos cuerpo que sentados
sobre ellas, una noche, burlaron la soledad.

Y a esas sillas, yo les canto descontento,
que también es mi lamento, su reciente malestar.
Y les digo, no pierdan las esperanzas,
que yo no las he perdido, y aun odio la soledad.

No estoy loco, pero no miento si digo,
hay dos viejas reposeras que aprendieron a llorar.
Haz la prueba, acercate lentamente,
puede que tengas la suerte de escucharlas blasfemar.

Y este piano, que también anda enojado,
me ha enseñado melodías, para invocarte al cantar.
Pero no creo que puedas escucharlas,
tu si que te has aferrado a la soledad.

El verde es quien impera, quien se hace respetar,
quien rompe el clima seco, quien te acoge al despertar.
La maleza se enciende, se altera al observar
dos viejas reposeras suspirar.

Tu selva es quien impera. Tu amor un samurai,
que ataja todo el tiempo que te quiero regalar.
La muerte se te impone, se incendian reposeras
en la noche de la suerte, del azar.

Y aunque a nadie le concierne lo que canto,
y aunque no aprecien mi encanto, y no crean la verdad,
yo les juro, hoy la selva me ha invocado,
yo con vos; vos a mi lado, para dos sillas callar.

¿Cómo hacerlo? Es muy fácil realmente,
solo siéntate aquí enfrente, prestame mucha atención:
hay dos sillas en el fondo de tu casa,
una al lado de la otra, nos esperan a los dos.

Nos sentamos, discutimos de la noche,
de la luna, las estrellas, cantaremos la canción
que haga al llanto de dos viejas reposeras
un recuerdo, carcajada: nada más que una ilusión.

2 comentarios:

N.A.R dijo...

un abrazo enorme! =)

Eleanor Rigby dijo...

creo que es la decimonovena vez que entro y lo leo.